Imaginamos, entre todos, una vivienda en la que nos gustara vivir. Luminosa y exhibicionista para quedar con los amigos, decían unos. Íntima y en penumbra, decían los más remolones. Una vivienda con múltiple personalidad y consciente de los cambios de estación. Una vivienda que nos permite abrirnos a dos hábitat diferentes: el de la calle, enmarcada en un nuevo desarrollo urbano pero cerca de la vida de villa de Vallecas, y el del patio de manzana, acotado y seguro.

Consecuencia de estas premisas es una vivienda pasante con un espacio para la intimidad y otro para la vida social, un espacio estático y otro cambiante. El espacio cambiante del estar pasa de ser un espacio cerrado cuando hace frío a ser un espacio al aire libre cuando el tiempo lo permite. De este modo no perdemos metros cuadrados en invierno y disfrutamos en verano de una terraza de las dimensiones de un estar.
En el proceso de diseño de la obra de arquitectura los arquitectos nos encontramos a veces con el problema de saber muy claramente lo que necesitamos pero desconocer la manera de materializarlo.
Para la fachada, el promotor espera facilidad de ejecución durante la obra, representatividad de la cara del edificio hacia la ciudad y la garantía de que la envolvente va a responder a las inclemencias del tiempo protegiendo y abrigando el interior, donde se desarrolla la vida doméstica. Los arquitectos buscamos además que responda a las intenciones y voluntades del proyecto.


El edificio se genera por la alternancia entre “núcleos de dormitorios”, de carácter masivo revestidos en SATE, y núcleos de cuartos de estar de acero y cristal. Apariencia de construcción tradicional por un lado y bandejas de programa apenas cerradas por vidrio donde se desdibujan las aristas de la construcción por otro.

Para nosotros era muy importante conseguir un contraste acusado entre las fachadas a vial y patio y las perpendiculares donde se alojaban los núcleos de comunicación. Se trataba de reforzar el efecto de contraste entre planos iluminados-fachadas, y planos en sombra-núcleos de comunicación. De esta manera se aligeraba, además, la presencia de la edificación al conseguir que se percibieran como una composición de planos mas que de volúmenes. Se reforzaba así una de las ideas generadoras de proyecto, la idea de romper el bloque de manzana y reducir la escala percibida de la edificación, acercando el lenguaje del PAU al de la ciudad tradicional con la que linda. Una ciudad generada por un crecimiento orgánico con alineaciones irregulares y retranqueos, sin planificación, pero sin embargo con mucha vida.
La elección de un material continuo permitió materializar también la idea de un edificio contemporáneo adaptado a las técnicas de su tiempo, liberado de la división clásica de zócalo, cuerpo de la edificación y cornisa o remate. Las posibilidades del color nos permitieron integrar perfectamente el revoco junto con el resto de los elementos de fachada, carpinterías de aluminio en gris oscuro, zinc en petos de cubierta y lacados en pintura negra del acero de la escalera. El SATE también nos permitió buscar el contraste entre las fachadas de vano y hueco de los dormitorios y las de vidrio de suelo a techo de los cuartos de estar.


El material permitió también conseguir un detalle que aúna estética, percepción y eficiencia térmica: la carpintería de hoja oculta abrigada. La envolvente de fachada vuelve perpendicular a esta contra el aluminio de la ventana alineado con la hoja interior. De esta manera desde el interior el hueco parece mayor, y desde fuera desaparece el plano de vidrio al proteger el SATE la carpintería. A la vez se reduce la transmitancia térmica del elemento.
La presencia de materiales diversos, ladrillo y acero, como base del sistema obligaba a recurrir a un solución que pudiera absorber los pequeños movimientos diferenciales que se pudieran producir en aquella. Se descartaba así el uso de un monocapa y de muchos de los sistemas SATE que se comercializan.
